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sábado, 5 de junio de 2010

Tiempos de crisis ¿para todos?


En estos tiempos de crisis, donde los de arriba de la pirámide siguen aumentando su margen de beneficio a costa de los sacrificios de los de siempre (los que sustentan esa pirámide en su base), se reciben fotografías curiosas que traslucen el humor popular ante tamaño timo, como esta atinada oferta laboral.



Teniendo en cuenta que en el Estado español, al menos, la monarquía parasitaria española sigue existiendo y se lleva, que sepamos públicamente, 9 millones de euros anuales de los bolsillos de los españoles para gastar según su criterio, es obsceno pedir que los trabajadores y trabajadoras se ajusten el cinturón.

Si empezamos con los datos, hay motivos suficientes para el enojo y, lo más importante, para salir a la calle siguiendo el ejemplo de los compañeros griegos. Viendo que los mismos que han generado la crisis, los bancos, han recibido inyecciones estratosféricas de millones de euros para, una vez pasado su bache, seguir jodiendo con su voracidad sin límites, es normal que la gente se indigne. Lo extraño es que no proliferen las manifestaciones denunciando éstas y otras incongruencias de un sistema decrépito, como es el capitalista. Un sistema que ha demostrado su incapacidad para generar no ya equidad sino alimentos para todos los seres humanos del planeta. Un sistema tan excluyente debería de estar desterrado de nuestras mentes como posibilidad de organización social. Sin embargo, nuestras mentes están tan colonizadas por ese pensamiento único que son incapaces de pensar de manera alternativa.

El mundo va hacia la deriva, hacia la profundización de la selva humana en la que ya vivimos (con sus excepciones), hacia una realidad donde unos pocos cada vez serán más poderosos y someterán con todo tipo de estrategias represivas (sutiles y descaradas) a los que sustentan sus beneficios con el sudor de su frente. Hoy más que nunca cobra vigencia lo que expresó Rosa Luxemburg: SOCIALISMO O BARBARIE. En nuestras manos está.

lunes, 13 de abril de 2009

¿Es tan malo ser antisistema?

Excelente artículo de Francisco Fernández-Buey y Jordi Mir publicado en el diario español "Público". Por lo interesante he creído conveniente reproducirlo aquí pero recomiendo visualizarlo en la página donde fue publicado para seguir el debate, si se puede llamar así, entre los lectores. Para acceder a la página en cuestión se puede pulsar sobre el título.

¿Es tan malo ser antisistema?

Por Francisco Fernández Buey y Jordi Mir del Centro de Estudios sobre Movimientos Sociales (CEMS)-Universidad Pompeu Fabra

Venimos observando que, en los últimos tiempos, los medios de comunicación de todo tipo han puesto de moda el término antisistema. Lo usan por lo general en una acepción negativa, peyorativa, y casi siempre con intención despectiva o insultante. Y aplican o endosan el término, también por lo general, para calificar a personas, preferentemente jóvenes, que critican de forma radical el modo de producir, consumir y vivir que impera en nuestras sociedades, sean estos okupas, altermundialistas, independentistas, desobedientes, objetores al Proceso de Bolonia o gentes que alzan su voz y se manifiestan contra las reuniones de los que mandan en el mundo.

Aunque no lo parezca, porque enseguida nos acostumbramos a las palabrejas que se ponen de moda, la cosa es nueva o relativamente nueva. Así que habrá que decir algo para refrescar la memoria del personal. Hasta comienzos de la década de los ochenta la palabra antisistema sólo se empleaba en los medios de comunicación para calificar a grupos o personas de extrema derecha. Vino a sustituir, por así decirlo, a otra palabra muy socorrida en el lenguaje periodístico: ultra. Pero ya en esa década la noción se empleaba principalmente para hacer referencia a las posiciones del mundo de Herri Batasuna en el País Vasco. En la década siguiente, algunos periódicos a los que no les gustaba la orientación que estaba tomando Izquierda Unida ampliaron el uso de la palabra antisistema para calificar a los partidarios de Julio Anguita y la mantuvieron para referirse a la extrema derecha, a los partidarios de Le Pen, principalmente, y a la llamada izquierda abertzale. Así se mataba de un solo tiro no dos pájaros (de muy diferente plumaje, por cierto) sino tres.

Esa práctica se ha seguido manteniendo en la prensa aproximadamente hasta principios del nuevo siglo, cuando surgió el movimiento antiglobalización o altermundialista. A partir de entonces se empieza a calificar a los críticos que se manifiestan de grupos antisistema y de jóvenes antisistema. Pero la calificación no era todavía demasiado habitual en la prensa, pues el periodista de guardia de la época, Eduardo Haro Teglen, en un artículo que publicaba en El País, en 2001, aún podía escribir: “Las doctrinas policiales que engendra esta globalización que se hace interna hablan de los grupos antisistema. No parece que el intento de utilizar ese nombre haya cundido: se utilizan los de anarquismo, desarraigo, extremismo, agitadores profesionales. Pero el propio sistema tendría que segregar sus modificaciones para salvarse él si fuera realmente un sistema y no sólo una jungla, una explosión de cúmulos”.

En cualquier caso, ya ahí se estaba indicando el origen de la generalización del término: las doctrinas policiales que engendra la globalización. Desde entonces ya no ha habido manifestación en la que, después de sacudir convenientemente a una parte de los manifestantes, la policía no haya denunciado la participación en ellas de grupos antisistema para justificar su acción. Pasó en Génova y pasó en Barcelona. Y también desde entonces los medios de comunicación vienen haciéndose habitualmente eco de este vocabulario.

El reiterado uso del término antisistema empieza a ser ahora paradójico. Pues son muchas las personas, economistas, sociólogos, ecólogos y ecologistas, defensores de los derechos humanos y humanistas en general que, viendo los efectos devastadores de la crisis actual, están declarando, uno tras otro, que este sistema es malo, e incluso rematadamente malo. Académicos de prestigio, premios Nobel, algunos presidentes en sus países y no pocos altos cargos de instituciones económicas internacionales hasta hace poco tiempo han declarado recientemente que el sistema está en crisis, que no sirve, que está provocando un desastre ético o que se ha hecho insoportable. Evidentemente, también estas personas son antisistema, si por sistema se entiende, como digo, el modo actualmente predominante de producir, consumir y vivir. Algunas de estas personas han evitado mentar la bicha, incluso al hablar de sistema, pero otras lo han dicho muy claro y con todas las letras para que nadie se equivoque: se están refiriendo a que el sistema capitalista que conocemos y en el que vivimos unos y otros, los más moran o sobreviven, es malo, muy malo.

Resulta por tanto difícil de entender que, en estas condiciones y en la situación en que estamos, antisistema siga empleándose como término peyorativo. Si analizando la crisis se llega a la conclusión de que el sistema es malo y hay que cambiarlo, no se ve el motivo por el cual ser antisistema tenga que ser malo. El primer principio de la lógica elemental dice que ahí hay una incoherencia, una contradicción. Si el sistema es malo, y hasta rematadamente malo, lo lógico sería concluir que hay que ser antisistema o estar contra el sistema. Tanto desde el punto de vista de la lógica elemental como desde el punto de vista de la práctica, es indiferente que el antisistema sea premio Nobel, economista de prestigio, okupa, altermundista o estudiante crítico del Proceso de Bolonia.

Si lo que se quiere decir cuando se emplea la palabreja es que en tal acción o manifestación ha habido o hay personas que se comportan violentamente, no respetan el derecho a opinar de sus conciudadanos, impiden la libertad de expresión de los demás o atentan contra cosas que todos o casi todos consideramos valiosas, entonces hay en el diccionario otras palabras adecuadas para definir o calificar tales desmanes, sean éstos colectivos o individuales. La variedad de las palabras al respecto es grande. Y eligiendo entre ellas no sólo se haría un favor a la lengua y a la lógica sino que ganaríamos todos en precisión. Y se evitaría, de paso, tomar la parte por el todo, que es lo peor que se puede hacer cuando analizamos movimientos de protesta.

domingo, 22 de marzo de 2009

El dinero es deuda

Didáctico documental, un poco en la línea "Zeitgeist", que tras un repaso histórico donde explica el origen del sistema bancario, muestra los mecanismos de generación de dinero en el actual sistema económico capitalista. Las frases del final son realmente elocuentes. Tras visualizarlo la acción del activista catalán Enric Durán cobra mayor trascendencia...

miércoles, 11 de febrero de 2009

De corrupciones varias

Anda el patio un tanto revuelto con los casos de corrupción destapados por el juez Garzón y que están salpicando a la misma cúpula del PP, bastante tocada ya con toda la trama oscura del espionaje en la Comunidad de Madrid. Ante la retahíla de detenciones de los presuntos -ejem- estafadores al erario público, a este insigne partido no se le ocurre otra cosa que hacer el paripé, aparecer en "amor y compañía", todos juntitos con cara compungida, para decir "No es una trama del PP, es una trama contra el PP". Impresionante... Siendo generosos podríamos decir que está bien que uno mienta, siendo muy pero que muy generosos podríamos admitir que alguien se puediera equivocar al adjudicar contratos a empresas de sus parientes. Sin embargo, una vez descubierto el malechor y su jugada, lo mínimo que se puede hacer es reconocer el "pecado". Más vale ponerse una vez verde que veinte colorao...


Por eso, lo del PP se llama cinismo absoluto pero se entiende viendo la lógica de comportamiento de este partido desde su creación de las fauces del franquismo para presentarse, años después, como adalides de la democracia y defensores a ultranza de la Constitución Española (ésa que muchos de ellos rechazaban en su momento por ser demasiado condescendiente con las fuerzas de la izquierda -¡JA!-). Eso por no mencionar el momento cumbre del cinismo del PP. Me refiero a su lastimosa actuación tras los atentados del 11-M en Madrid, actuación estelar encabezada por ese ser deleznable llamado José María Aznar cuya sombra de odio y fanatismo ultraderechista se proyecta sobre España cada dos por tres. Sin embargo, entonces tuvieron tan poca credibilidad que la gente salió a las calles a protestar en masa exigiendo la verdad y, al día siguiente, fue a votar en masa para sacarlos del gobierno. Todo un ejemplo de que cuando la gente se moviliza, la derecha tiene poco hueso que roer.

Pero mientras no hay movilización social, parece que nada sucede y, por eso, los franquistas del PP deben de pensar que su fallida estrategia de antaño puede funcionar ahora. Supongo que piensan que cuanto más escabullan el bulto, más van a marear a la gente. Como si la gente fuera idiota... En el fondo la derecha lo que acaba demostrando siempre es su gran desprecio por el ser humano, sobre todo por aquellos que no son de su clase social a los que consideran, además, idiotas que se van a tragar sus patrañas de señoritos trasnochados. Obvian que la conciencia de clase es independiente del nivel de estudios que la persona haya podido alcanzar en esta sociedad capitalista de supuesta democracia donde -teóricamente por cierto- todo el mundo tiene las mismas oportunidades. Aunque no vamos a hacer aquí loas a la formación académica como antídoto de la ignorancia pues se puede tener 3 carreras y 2 másters y ser, a la vez, un tonto de los cojones que se trague el rollo de la derecha española (como todos estos delfines del PP sacados de un patrón troquelado tipo Ken de la Barbie).

Lo más grave del asunto es el PROBLEMA ÉTICO que subyace tras estos escándalos. Ahora del PP, antes del PSOE y, en definitiva, mucho más extendidos por el mundo político de lo que tal vez creamos aunque no soy de la opinión de que todo político es corrupto "per se". Esta falta de ética, este confundir el dinero público al alcance de la mano con el dinero propio, no sólo se produce en España sino por doquier (ya ni entro a analizar el caso latinoamericano porque, con sus excepciones, en América Latina los grados de corrupción, nepotismo y rapiña de los bienes públicos son el pan nuestro de cada día y explican parte del rezago histórico del continente, la otra parte es la herencia española, causante también de los altos grados de corrupción todavía en el siglo XXI). Es aberrante pensar en cómo esta gente utiliza los puestos de "responsabilidad pública" para acrecentar su patrimonio privado y el de sus familiares, amigotes y demás sujetos dispuestos a untarlos bien para obtener un ventajoso contrato público gracias a sus influencias.

Ello por no entrar en el tema de lo que se ha convertido en el "negocio del siglo": ser ex-diputado o ex-presidente. Sobre todo en este último caso, los beneficios son inmensos. Si no que se lo digan al ya-inclasificable Aznar, cuya fortuna se ha multiplicado por muuuuchos ceros desde que tocó las mieles del poder y entró para quedarse entre la élite mundial del pensamiento neocon (¡Qué ironía que un ser tan anodino, gris e ignorante sea vendido como conferenciante o pensador! ¡Qué mal está el mundo, las Universidades y, sobre todo, los medios de comunicación que repiten noticias como loros sin cuestionar lo que transmiten!). Alegrémonos, no obstante, hermanos, porque hoy Aznar ha sido despedido de uno de los muchos chiringuitos que le proporcionaba pingües beneficios a final de mes. Lástima que todavía seguirá cobrando cantidades inimaginables por no hacer nada mientras gran parte de la población mundial apenas puede subsistir trabajando en condiciones de semi-esclavitud durante toda su vida... ¿Nos damos cuenta de lo podrido que está el sistema en el que vivimos? ¿Cómo pueden darse estas cosas sin que millones de personas en el mundo salgan a la calle a protestar? Ah, sí, perdón, lo olvidaba. Porque probablemente muchas de esas personas sigan creyendo, como dice la revista del corazón pro-monárquica por antonomasia, el "Hola", que podemos estar tranquilos porque la Familia Real Española paga sus impuestos como todo el mundo. ¿Ven si vivimos en democracia que hasta los reyes pagan impuestos? (Pequeño detalle: se les olvidó mencionar que los impuestos los pagan sobre beneficios que no obtienen con el sudor de su frente sino por dádivas del Estado que los mantiene. Es decir, que el Estado les da dinero y con ese dinero, la familia real paga "sus" impuestos). Como bien dijo Marx, lo peor no es la esclavitud sino la moral de esclavo que genera.

En definitiva, asistimos en primera fila a una de las muestras de la descomposición ética y social que conlleva el capitalismo. Un sistema donde lo único que impera es el dinero y lograr el máximo beneficio económico a corto plazo, con un ansia que parece decir que el mundo se acaba... Desde luego que a este ritmo pronto se van a acabar los recursos del planeta y el planeta mismo -por mucho que haya negacionistas como Aznar o el primo de Rajoy que aboguen por lo contrario-. ¿Será que nos lo tenemos merecido por no hacer nada para cambiar el curso de las cosas?

lunes, 2 de febrero de 2009

Zeitgeist addendum

Aquí tienen la segunda parte del gran documental Zeitgeist que ya colgué en septiembre pasado. Dedicado a todos aquellos que siguen pensando que sus gobiernos nunca les podrían mentir. Espero que lo disfruten...

jueves, 22 de enero de 2009

Entrevista a José Luis Sampedro

Fusilada directamente del periódico español "Público". José Luis Sampedro, aparte de escritor, es economista y en esta entrevista dice unas cuantas verdades que mueven a la reflexión. ¡Buen provecho!





"Ahora entramos en una época de barbarie"

El escritor y economista lleva más de 60 años proclamando desde la incómoda óptica del marxismo que el sistema económico oculta las teorías que pregonan la decadencia del capitalismo

Á. MUNÁRRIZ / F. VICENTE - SEVILLA - 22/01/2009 08:00

Su éxito novelístico, sobre todo el de La sonrisa etrusca, explica sólo en parte que lafaceta de economista de José Luis Sampedro (Barcelona, 1 de febrero de 1917) haya quedado ensombrecida. El principal motivo, opina el propio Sampedro, es que el sistema oculta las teorías que pregonan la decadencia del capitalismo. Y Sampedro lleva más de 60 años proclamándolo desde la incómoda óptica del marxismo, desoyendo los cantos de sirena del "fin de la historia" anunciado por Fukuyama o anteriores apóstoles del libre mercado.

"Me preocupa la destrucción de los valores básicos"

Su esposa, Olga Lucas, y el rector de la Universidad Complutense, Carlos Berzosa, han reunido en Economía humanista. Algo más que cifras (Debate) una muestra representativa de sus textos económicos, escritos sobre todo en los años sesenta y setenta. Sampedro presentó ayer el libro en Sevilla tras desplazarse desde la Costa del Sol, donde reside en invierno. "Antes estábamos en Canarias, pero los aeropuertos están imposibles. Eso de quitarse el cinturón le parecía humillante", cuenta Olga. El autor de El amante lesbiano se muestra tan lúcido (cada día se las ve con el sudoku de Público) como locuaz, pero la edad obliga a una entrevista breve. Sampedro, en el apresurado cierre de la charla, remite a los periodistas a un ensayo cuyo título resumiría casi todo su discurso: La decadencia de Occidente. "¡Cómo acertó Spengler!", exclama.

Ahora que ha releído sus textos de hace tres y cuatro décadas, ¿mantiene sus mismas posiciones?

En general sí, lo que no quiere decir que acertase. Aunque creo que en general acerté y de todas maneras no rectifico, porque era sincero. Yo he figurado más como escritor porque he tenido suerte escribiendo. Pero sobre todo por una razón: los que pensaban como yo teníamos menos prensa.

"Tratan a Obama como si hubiese bajado el Mesías"

¿Y qué pensaba usted?

Hay unos economistas que se dedican a hacer más ricos a los ricos, y otros, a hacer menos pobres a los pobres. Yo he defendido siempre la necesidad de controlar el mercado. Claro, así no he tenido una plataforma, sobre todo tras el 68, cuando se asustó la derecha y llegaron Thatcher, Reagan...

Hay un ejemplo de economista con plataforma, el premio Nobel Milton Friedman, y otro sin ella, John Kenneth Galbraith...

Los dos murieron en 2006. Yo era de Galbraith y el que tenía la prensa era Friedman, y también el que orientó a Pinochet.

Friedman, un auténtico gurú para los neocon.

Para mí los neos, sean catecúmenos o liberales, no son nuevos. Cuando a una cosa hay que ponerle el prefijo neo es que no lo es. Cuando uno es nuevo no hay necesidad de decir: ¡oiga, que yo soy nuevo! Simplemente la gente dirá: a usted no le había visto nunca.

¿Sigue definiéndose como socialista ahora que...?

Sí, sí.

¿Como socialista marxista?

Es que hay que entender lo que es el socialismo. El socialismo defendía la propiedad pública de los medios de producción, y de esto que no hablen los que se llaman socialistas ahora. De estos yo no soy. No, no...

¿Sigue siendo socialista clásico pese a lo que pasóen el bloque soviético?

Es que tampoco era eso. En el fondo era capitalismo de Estado. Si por socialismo se entiende la propiedad pública y la dirección pública, auténticamente pública, que es la verdadera democracia, entonces soy socialista. Claro que el socialismo de verdad, que yo sepa, no se ha aplicado nunca.

¿Y considera que tiene posibilidades de abrirse camino ahora?

Sí, creo que sí. Lo que pasa es que estamos primitivamente educados. Es muy rudimentaria la situación de la humanidad... Nos movemos por la racionalidad en cuanto a los modos de operar, pero en los fundamentos es todo visceral.

¿Por ejemplo?

Cuando se reelige a Bush, o cuando se vota a Berlusconi.

¿Y qué opina de Obama?

Pues yo estoy encantado, sí, pero tampoco me hago excesivas ilusiones. Para nada. Y fíjese usted, lo tratan como si hubiese descendido el Mesías.

¿Cree que ahora el boom demográfico, sumado a la degradación del medio ambiente y la progresiva escasez de recursos, puede llevar a la revolución?

El desarrollo sostenible del que hablan es insostenible. La población mundial se ha triplicado desde 1900 hasta hoy y, desde luego, la capacidad de regeneración del planeta no se ha triplicado. Eso no se puede mantener. Imposible.

O sea, que cree que habrá una revolución.

Claro. Una cosa que cito yo mucho de Marx es aquello de que el capitalismo convierte todo en mercancía, esa es la verdad del asunto. No sé cuánto tiempo durará el sistema, pero creo que está agotado.

"La libertad es una cometa. Vuela porque está atada"


¿En qué consiste la decadencia que ustedle atribuye al sistema?

El primer artículo de este libro lo publiqué en 1947 en Inglaterra. Yo era un pipiolo que acababa de terminar la carrera, pero haciendo un estudio sobre las consecuencias de la crisis mundial en las áreas retrasadas en los años 30, vi que el Estado financiaba, ayudaba y subvencionaba a los obreros en paro. Les buscaba trabajo y escuelas para sus hijos. Había posibilidades de redistribución de la gente. ¡Pero la gente se resistía a moverse! En cambio, cuando empezó la Revolución Industrial los obreros iban de los campos a las fábricas de las ciudades. Tenían un espíritu de aventura que un siglo después sus nietos no tenían. Es lo que pasa con el capitalismo.

¿En qué sentido?

Ahora hay miedo. En el siglo XVI, Europa era un volcán de iniciativas. Misioneros, guerreros y labradores se embarcaban a lo desconocido. Y en el terreno intelectual empezaba el humanismo, la imprenta. Ahora, en el país más importante del mundo, el más fuerte y poderoso, Estados Unidos, la gente tiene miedo. Auténtico miedo.

¿Porque tienen propiedad?

Y también porque han perdido por completo el espíritu de aventura.

Hemos cedido libertad a cambio de seguridad...

¡Pero es una seguridad ilusoria que, además, no satisface! Continuamente buscamos mecanismos para vigilar, desnudando a la gente que va en el avión y cosas así. ¿Para qué? Ahora dicen que Obama... Ojalá haga algo, pero no sé yo...

¿Confía en las medidas para salir de la crisis?

En el mejor de los casos, volverán a dejar las cosas como estaban en lo monetario pero con una degradación de la economía real, del medio ambiente y de la producción.

¿El sistema en su conjunto quedará desacreditado?

Hay una cosa que me preocupa: hasta qué punto se están destruyendo valores básicos. No hablo ya de derechos humanos, sino de la justicia, la dignidad, la libertad, que son constitutivas de la civilización. La barbarie es atacar los valores de la civilización.

¿Vivimos ahora en una época de barbarie?

Para mí es una época paralela al derrumbamiento del Imperio romano. Se acabó el Imperio y empezó la barbarie. Lo de Gaza es barbarie, los campos de Hitler y Stalin fueron barbarie, el ataque a Irak es barbarie. Estamos destruyendo el sentido de la justicia. Creo que entramos en una etapa de barbarie que obliga a reconstruir el sistema. Porque el capitalismo no es que sea malo, es que está agotado ya. En el siglo XV era impulsor, constructivo. Ahora está agotado. ¿Cuáles son los planes? Más de lo mismo. Decir que dentro de 15 años acabará la pobreza y repetirlo 15 años después.

"Lo único en el sistema que avanza es la ciencia"


¿Y qué esperanza ve?

Creo que la ciencia. Ahora el capitalismo se desmorona, porque la muerte es el precio de la vida. Las sociedades son seres vivos, se descomponen. Las diferentes subestructuras básicas no funcionan a la vez. Hay anacronismos, distonías. Salvo en la ciencia.

¿Qué anacronismos?

La Iglesia está plantada en el siglo XVI. La economía actual se basa en el axioma de que el mercado, con su famosa mano invisible, consigue que la suma de los egoísmos lleve al bien común. ¡Mentira! Pero todo se monta sobre esos supuestos básicos del siglo XVIII. La política, tras montar la representación parlamentaria a raíz de la Revolución Francesa, está viciada. Mandan unas oligarquías que controlan la creación de opinión. Lo único que avanza es la ciencia, que sigue aportando conocimientos del espacio, materiales y recursos de comunicación, de informática, de genética, de nanotecnia. Cuando pienso en la diferencia entre el mundo en que yo nací y este, imagino lo que vivirán los jóvenes y...

¿La barbarie que pronostica puede adoptar la forma de nuevos autoritarismos?

Sí, pero también puede ser una sociedad de insectos, con clases. Piense en la brecha digital que se está abriendo. Podría gobernar una élite que crease una situación de simulación de libertad, ofreciendo determinados atractivos. Pero la libertad es como una cometa. Vuela porque está atada y la cuerda es la responsabilidad.

Señor Sampedro, ¿qué diría a quien piense que es usted uno de esos intelectuales que, ya veteranos, terminan diciendo que todo va ahora peor que antes?

Yo no digo que lo pasado sea lo mejor. Digo que el capitalismo en su momento fue naciente, pero ahora es insostenible. La mejor definición de su decadencia la dio Bush. Dijo: "He suspendido las reglas del mercado para salvar al mercado". Es decir, el mercado es incompatible con sus propias reglas.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Loa al comunismo


Loa al comunismo

Es razonable, cualquiera lo entiende. Es fácil.

Tú no eres ningún explotador, puedes comprenderlo.

Es bueno para ti, entérate.

Los necios lo llaman necio, y los sucios lo llaman sucio.

Pero está contra la suciedad y la tontería.

Los explotadores lo llaman un crimen.

Pero sabemos que:

Es el fin de los crímenes.

No es ninguna locura, sino

El fin de la locura.

No es el caos

Sino el orden.

Es lo sencillo

Tan difícil de hacer.

Recupero estas palabras de Bertold Brecht en estos tiempos de crisis del capitalismo donde parece ser que se está poniendo de moda releer -para algunos- a Marx con la esperanza de poder entender el momento económico actual. Habrá que estar atentos porque puede ser que dentro de poco ser comunista esté de moda y asistamos a un aluvión de nuevos conversos al comunismo que vengan a darnos lecciones de fe en el marxismo igual que sucedió en España tras la famosa "transición a la democracia", momento en que aparecieron demócratas de nuevo cuño dando lecciones de democracia cuando dos días antes eran más franquistas que Franco.

Es interesante ver cómo las clases dominantes del mundo desarrollado intentan por todos los medios aferrarse a un sistema que está demostrando hacer aguas por donde se mire. No es de extrañar si tenemos en cuenta que su propia supervivencia como clase está en juego. Pero podrían tener un poco más de vergüenza y no afirmar que representan a sus países (y, por tanto, a sus pueblos) sino reconocer que, como líderes de sus Estados, son en realidad los portavoces de los intereses de sus respectivas burguesías. Unas burguesías que, pese a tener distintas nacionalidades en sus pasaportes, comparten básicamente los mismos intereses, aunque puedan enfrentarse en determinados momentos por hacerse con un mercado u otro, pero que son, al fin y a la postre, los mismos perros con diferentes collares.

La reunión de estos días pasados celebrada en EEUU (para que se sepa quién manda en el mundo, cómo no) del G-20 ampliado se proponía, teóricamente, encontrar soluciones a la crisis económica mundial que ellos mismos iniciaron. Sin embargo, no parece que hayan hecho mucho más que comer como reyes (si no, vean la foto a la derecha), tomarse fotos y soltar discursos al aire que no van a servir para parar una crisis que se viene como bola de nieve. No entiendo a qué viene tanta reunión, tanto paripé y tanto "sesudo" debate de los supuestos líderes mundiales. Supongo que quieren dar una sensación de "tranquilidad" al mundo, para que sus ciudadanos (y, por tanto, consumidores) no se espanten con la psicosis de la crisis y lleguen a creer que a sus representantes políticos les importa solucionar los problemas derivados de la crisis que, como sabemos, van a acabar pagando los de siempre: los de abajo. Sin embargo, no hay nada nuevo bajo el sol, nadie salió a decir lo que sería pertinente. A saber: que mientras siga vigente el modelo económico capitalista las crisis se van a ir sucediendo "ad infinitum". El capitalismo, en esencia, se basa en ondas cíclicas de expansión y contracción de la economía que son inherentes a su funcionamiento. El problema para los comunistas es que, como decía Marx, el capitalismo es el sistema más perfecto porque él mismo logra salir de sus crisis a través del mecanismo dialéctico de reformularse a sí mismo para no destruirse del todo y seguir jodiendo a la humanidad. Cuando me refiero a que el capitalismo logra salir de sus crisis quiero decir que son las clases dominantes las que hacen el trabajo sucio para que ello sea así. Y esto es lo que ha sucedido durante estos días en Washington...

sábado, 20 de septiembre de 2008

El que roba a un ladrón tiene cien años de perdón...

... ¿y cuántos años de perdón tendrá el que roba a muchos ladrones a la vez?

Me hago esta pregunta a raíz de la reciente noticia acerca de la hazaña de un joven activista catalán, Enric Duran, quien asegura haber robado -mediante una maraña de operaciones tan intrincadas como la legislación diseñada por los bancos para robarnos a todos nosotros- casi 500.000 euros a varios bancos españoles e internacionales. En concreto a 39 bancos, cajas y entidades financieras. ¡Olé sus cojones!

De por sí es un motivo de alegría que alguien logre robar a esos buitres carroñeros institucionalizados que son los bancos. Pero que encima lo haga como parte de una acción política de denuncia (individualista, sí, con un discurso autónomo y anarcoide, también, pero de todos modos loable) provoca todavía mayor regocijo. Según cuenta Duran, ha destinado parte del dinero a financiar movimientos sociales lo cual es digno de encomio, sin duda, porque multiplica el impacto de esa acción contra el capitalismo financiero que nos ha tocado vivir -y sufrir-. También ha realizado una publicación donde explica cómo lo hizo y anima a otras personas a seguir su mismo camino (ver aquí). Habrá que ver en qué queda esta acción pero, por lo pronto, no parece nada fácil que la gente pueda conseguir la proeza de Enric quien, por lo visto, ha tenido que huir de España como si fuera un Dioni cualquiera. Ojo, no estoy criticando al inefable Dioni, héroe nacional para muchos españolitos de finales de los ochenta, pero las acciones de Enric y del Dioni no tienen mucho que ver ni en su origen ni en sus objetivos a pesar de que alguien como el Dioni llegara a hacer declaraciones de este jaez:

"...me he llevado dinero de los más grandes ladrones de este país, que son los banqueros; todos son unos golfos; todos sin excepción; unos declarados como Mario Conde, otros ocultos. Los dueños de los bancos están robando el dinero a la gente trabajadora". [Extraído de la "Entrevista a El Dioni" en http://www.generacionxxi.com/DIONI.HTM ]

Aquí dejo el video-manifiesto de Enric para que puedan ver, con sus propios ojos, sus motivos y su argumentación.




sábado, 6 de septiembre de 2008

Razones para luchar contra la Directiva europea de las 65 horas


Diseccionando las 65 horas... antes de que nos caigan encima
Razones para luchar contra la Directiva europea de las 65 horas

Por Iván Escofet, José Antonio González Espada, Juan Montero y Diosdado Toledano

El 11 de junio de 2008 el Consejo de Empleo, Política Social, Sanidad y Consumidores formado por los ministros de Trabajo de los países miembros de la Unión Europea acordó, por mayoría cualificada (1), una propuesta de modificación de la Directiva 2003/88 sobre “ordenación del tiempo de trabajo” actualmente en vigor.

Esta “contrarreforma” de la actual directiva cuenta con el visto bueno de las patronales europeas y catalanas (2), y pretende ser un instrumento que permita a los diferentes Estados miembros flexibilizar aún más el tiempo de trabajo y legalizar pactos individuales entre trabajador y empresa (esto es, al margen de la legalidad y de los convenios colectivos vigentes en el estado español y otros países europeos), donde el trabajador, por un determinado período, renuncia a su jornada máxima de 40-48 horas, consintiendo en trabajar hasta 65 horas semanales, sin contraprestación salarial alguna por este mayor esfuerzo de trabajo.

Cierto es que a fecha de hoy, esto sólo es una propuesta, y debe pasar diversos filtros burocrático-políticos, entre ellos la aprobación del Parlamento Europeo para llegar a convertirse en una disposición obligatoria para los Estados de la U.E.

Ahora bien, no es menos verdad que el procedimiento (3) establecido para aprobar esta directiva es poco menos que un laberinto de trámites kafkianos, un auténtico galimatías que tiene como único objetivo facilitar que el Parlamento apruebe la propuesta del Consejo, y en cambio obstaculizar hasta la extenuación el veto parlamentario. Es un procedimiento diseñado, pues, para acentuar la sumisión del Parlamento (elegido por sufragio directo de los ciudadanos de la Unión) respecto de los poderes ejecutivos de los países de la Unión (el Consejo).

Si además tenemos en cuenta la actual hegemonía de las derechas en los diferentes gobiernos europeos (algunas con rasgos de extrema derecha, como el caso italiano) y un Parlamento Europeo elegido por sólo el 30% del electorado de la U.E., donde las fuerzas de derecha tienen casi el 50% de los escaños y la representación de la izquierda está dominada por el social-liberalismo más descafeinado, será muy difícil obtener las mayorías cualificadas necesarias para rechazar la propuesta de las 65 horas sino se desarrolla una masiva y enérgica movilización de la clase trabajadora europea.

Así, hay que dar por hecho que, si nos limitamos a confiar en el “funcionamiento” de las “instituciones europeas”, la directiva de las 65 horas será una realidad y se habrá consumado una inflexión histórica en la lucha por la reducción del tiempo de trabajo, la justicia y el progreso social.

Las principales claves de la propuesta de modificación de la Directiva

La Directiva sometida al proceso de modificación en curso fue aprobada el 4 de noviembre del 2003 y su contenido ya reflejaba el objetivo de la patronal europea de “flexibilizar” y aumentar la duración del tiempo de trabajo. Si bien mantenía el límite de la “duración media” (4) del trabajo semanal en 48 horas de la Directiva precedente, introduce en el artº. 22 “Disposiciones varias” la posibilidad “del consentimiento del trabajador a nivel individual para exceder dicho límite”, así como su reexamen por el Consejo antes del 23 de noviembre del mismo año, fijando de este modo su carácter provisional.

La presión de la patronal europea para revisarla y modificarla ha sido desde entonces constante. En el Consejo de la UE en marzo del 2005 se acordó en la llamada estrategia de Lisboa “dotarse de los medios para cumplir los objetivos de crecimiento y de empleo”, subterfugio que ha sido utilizado para impulsar la revisión de la Directiva. Las diferencias entre las diversas delegaciones gubernamentales sobre el alcance y contenido de la revisión explica su bloqueo durante un tiempo. Finalmente, una mayoría formada por los gobiernos de la derecha y algunos gobiernos socialdemócratas ha conseguido vencer la “débil oposición” de una minoría de gobiernos, entre ellos el español, y alcanzar la actual propuesta de modificación.

La propuesta propone modificar, entre otros, los siguientes artículos de la Directiva:

- Se añade el Artº 2 bis con el título “Tiempo de atención continuada”. En el se establece que “el periodo inactivo del tiempo de atención continuada no se considerará tiempo de trabajo”, a menos que la legislación nacional o, de conformidad con la legislación o las prácticas nacionales, un convenio colectivo o un acuerdo entre interlocutores sociales dispongan de otro modo.

La aplicación de este artículo, que entra en contradicción con una amplia jurisprudencia que considera el tiempo de guardia como jornada laboral sin distinguir entre periodos activos o inactivos, significaría un grave deterioro de las condiciones de trabajo y salario para todos aquellos colectivos, médicos, personal sanitario, bomberos, etc., que deben realizar guardias que incluye lógicamente periodos de descanso en el puesto de trabajo y que dejarían de ser considerados como tiempo de trabajo.

- Se modifica el Artº 22 con el título “Disposiciones varias” donde se establece la posibilidad de la firma de un contrato individual de trabajo donde el trabajador consienta a trabajar en una semana 60 horas, calculadas como promedio durante un periodo de 3 meses (lo que permite trabajar más de 60 horas en alguna de las semanas…); o trabajar 65 horas en los casos que el periodo inactivo del tiempo de atención continuada se considere jornada laboral de conformidad con el Artº 2bis.

Previamente en el mismo el artº se introduce el apartado b) que de manera hipócrita establece que “ningún trabajador sufra perjuicio por parte del empresario por el hecho de no estar dispuesto a dar su consentimiento para efectuar dicho trabajo o de retractarse de su consentimiento por cualquier motivo”. Es obvio que no ofrece ninguna garantía al trabajador puesto que en general este no se halla en condiciones de oponerse a las pretensiones del empresario, bajo la presión del paro y la precariedad, y en el marco de una negociación individual sin límites mínimos previstos por la ley o los convenios colectivos.

- El envoltorio de la propuesta de directiva destila un discurso hipócrita salpicada de buenas intenciones, para de esta manera hacer tragar mejor la amarga píldora, así se introduce un nuevo artª 2 ter con el título “Conciliación de la vida profesional y familiar” donde se dice: “los Estados miembros animarán a los interlocutores sociales a que celebren, en el nivel adecuado y sin perjuicio de su autonomía, acuerdos destinados a mejorar la conciliación entre la vida profesional y familiar. ¡Como si fuera posible conciliar trabajo y familia con jornadas de 60 o más horas!! Pero el cinismo no se detiene ahí, en la primera consideración que encabeza la propuesta de modificación se refiere a que la comunidad europea “Ha de apoyar y completar la acción de los estados miembros, con vistas a mejorar el entorno de trabajo para proteger la salud y seguridad de los trabajadores”. ¡Como si hubieran descubierto el nuevo “elixir de la salud” con la prolongación a jornadas extenuantes de 60 o más horas a la semana!

También deben abordarse algunas de los efectos negativos que no se mencionan en la propuesta de directiva:

Veamos algunas consecuencias salariales del incremento de jornada semanal:

A) Aunque la aplicación de la directiva de 65 horas no supere el límite legal en el cómputo anual, se produce un abaratamiento de las horas trabajadas al considerarse y pagarse como horas ordinarias aquellas que excedan de las 40 horas y que se abonaban anteriormente como horas extraordinarias o con pluses de trabajo en festivo.

B) Sí además, a causa de la precariedad de los contratos y el difícil control sobre los mismos, se supera el límite de horas en el cómputo anual sin contraprestación salarial, se produce en la práctica una reducción salarial al trabajar más horas por el mismo salario.

Las consecuencias en la siniestralidad laboral: Aunque el número de horas al año no se incremente, la posibilidad de realizar semanalmente 60-65 horas implica un aumento del cansancio y el desgaste del trabajador, lo que tendrá un efecto directo en su riesgo de padecer accidentes y enfermedades laborales. Todo ello comportará un mayor gasto sanitario y deterioro de los servicios públicos de la salud, teniendo en cuenta que no se prevé un incremento de la inversión para medidas preventivas por causa de la directiva (no tenemos constancia de ello), y tampoco está previsto asumir el coste de la mayor asistencia sanitaria que requerirá el deterioro de la salud de los trabajadores tras inhumanas jornadas de trabajo.

En cuanto al proceso de aplicación de esta Directiva con carácter general hay que precisar:

· NO es directa y automáticamente aplicable, para que sea efectiva la directiva debe ser convertida en ley nacional por cada Estado miembro ("transposición de la directiva"),

· Cada Estado miembro está obligado a transponer la directiva a su normativa nacional, en un determinado plazo.

· Si el Estado miembro no respeta el plazo, la directiva puede ser directamente aplicada por los ciudadanos como si se tratase de una ley nacional.

La aplicación de la propuesta de Directiva en el estado español

En relación a la aplicación de la propuesta de Directiva en el marco de la legislación sobre la ordenación del tiempo de trabajo en el estado español debemos tener en cuenta que la actual regulación española permite jornadas semanales superiores a 40 horas, siempre que no se supere la jornada anual de 1.826 horas y veintisiete minutos (5) (que equivale al promedio semanal de 40 horas), siempre que se respeten algunos límites generales como un descanso obligatorio de 12 horas entre el fin de una jornada y el inicio de la siguiente, y un descanso mínimo semanal de 36 horas (un día y medio).

En el encaje de la propuesta de Directiva con la legislación española hay que considerar que dicha propuesta no menciona límites ni descansos obligatorios (simplemente "autoriza" el incremento de jornada máxima semanal), habla de jornada semanal y no de jornada anual, cuando en la legislación española la jornada se mide por el número de horas anuales que permite una gran flexibilidad en la distribución de la jornada a lo largo del año (hay que añadir que en materia de flexibilidad de jornada muchos convenios empeoran la ley).

Además, debe tenerse en cuenta que, al margen de las 1.826 horas 27 minutos anuales que permite la ley española, existe el límite legal de 80 horas extras anuales. La propuesta de directiva no hace distinciones entre jornada ordinaria o extraordinaria; así que perfectamente sería posible una "aplicación a la española" de la directiva, en el sentido de eliminar o ampliar el tope máximo legal de horas extras, para facilitar la posibilidad de incrementar las semanas de 60-65 horas, en detrimento de las semanas de 40 horas, en la distribución anual de jornada.

Si bien la propuesta de directiva del Consejo no obliga a los Estados miembros a incrementar la jornada máxima de 40-48 hasta 60-65 horas, les autoriza a incrementar este límite hasta las 60-65 horas en cómputo semanal, de forma que ésta pueda ser legal mediante "pacto" individual entre trabajador y empresario. Y, aunque los convenios colectivos podrían establecer una jornada más baja que las 60-65 horas, si estos no dicen nada al respecto el pacto individual de 60 horas semanales será legal.

En resumen, la propuesta de directiva significa un aumento de la flexibilidad de la distribución de la jornada anual y un abaratamiento de los costes salariales (ahorro de horas extras y pago de pluses en festivos), y en las actuales condiciones de contratos precarios y desprotección del trabajador frente al patrono puede significar, en la práctica, la superación del límite de la jornada anual legal.

También hay que advertir que recientes sentencias de los tribunales de la UE, en consonancia con la filosofía de la directiva “Bolkenstein”, allanan el camino para que empresas de otros países de la UE que prestan sus servicios en España contraten trabajadores de sus países de origen con las condiciones de la Directiva de las 65 horas (si esta ha sido incorporada en la legislación de su país), aunque el estado español no la incorpore de momento (6).

No hay que ser profeta para prever que bajo la amenaza de deslocalizar empresas a aquellos países que hayan incorporado a su legislación nacional la nueva Directiva, o con la posibilidad de contratar trabajadores de dichos países que acepten los términos de la Directiva, la presión para aplicarla en el mercado laboral del estado español será enorme. En estas condiciones el desplazamiento del gobierno español desde su tibia oposición inicial hacia la plena aceptación de la nueva Directiva es un peligro real a corto-medio plazo.

La Directiva, la crisis económica y la UE

La explosión de la crisis financiera internacional y su rápido traslado al conjunto de la economía, particularmente en la Unión Europea donde algunos de sus miembros se encuentran al borde de la recesión, ha acentuado la ofensiva de los gobiernos contra las condiciones económicas y sociales de la clase trabajadora para imponer una salida beneficiosa para el capital. En esta ofensiva del neoliberalismo europeo la modificación de la Directiva es uno de sus objetivos más importantes.

El conflicto histórico entre las fuerzas del capital y el trabajo en la disputa por la plusvalía se refleja una vez más en los salarios y la duración del tiempo de trabajo. Durante el actual periodo de ofensiva y hegemonía del neoliberalismo se ha producido una amplia redistribución de la riqueza a favor de las empresas, del capital, no sólo ha disminuido el porcentaje de los salarios en el conjunto de la renta de los países y han crecido las desigualdades, también se ha producido una inflexión en la tendencia hacia la reducción del tiempo de trabajo. Mediante la aplicación de contrarreformas en la legislación laboral se han deteriorado las condiciones generales de trabajo y han retrocedido los derechos laborales.

En el estado español, la negociación colectiva en grandes empresas del automóvil como SEAT, FASA REANAULT, o de sectores como el Convenio del Metal de Barcelona, etc .., (que marcan una referencia hacia el resto de empresas y sectores), y en gran medida gestionada y pactada por los sindicatos mayoritarios, ha concluido con graves concesiones a los objetivos de moderación salarial, flexibilidad y productividad de las empresas. Las consecuencias sobre el tiempo de trabajo y su ordenación han sido brutales, primero disminuyeron y se espaciaron las reducciones en la jornada anual de trabajo en los acuerdos de convenio colectivo, a continuación se vinculó la reducción de jornada a fórmulas de flexibilidad, en materia de turnos, trabajo en festivos, “saco de horas flexible”, etc., dando lugar a la reversión del proceso de reducción del tiempo de trabajo. En la actualidad, las cifras de jornada diaria, semanal y anual que establecen la ley y los convenios son cifras virtuales. En la práctica, la jornada laboral media ha aumentado y crece sin control. Además, la política de moderación salarial, y la disminución de poder adquisitivo de los salarios, ha empujado a muchos trabajadores a ampliar su jornada laboral con tal de complementar su salario.

El discurso que hace el Presidente de gobierno francés Sarkozy contra la ley de las 35 horas en su país “para que los trabajadores trabajen más y así puedan enriquecerse” es de un cinismo y falsedad insuperables. En realidad sucede todo lo contrario, el incremento de la jornada de trabajo crea excedentes de empleo, incrementa el paro y aumenta la competencia entre trabajadores por conseguir un empleo; bajo la presión del paro y la precariedad en los contratos los empresarios contienen y reducen los salarios, en estas condiciones los trabajadores que buscan empleo son contratados en peores condiciones económicas que les empuja a realizar mayores jornadas de trabajo… En definitiva, la disminución del salario/hora y la ampliación de la jornada son términos de una misma ecuación.

El estallido de la actual crisis ha puesto de nuevo al desnudo las contradicciones del sistema capitalista en su versión neoliberal. En efecto, las políticas de moderación salarial, de mayor flexibilidad, de ampliación de la jornada de trabajo, de retroceso de los derechos y prestaciones sociales, no se ha reflejado en la disminución de precios de los productos, ni en el incremento de las inversiones, que debían facilitar el desarrollo económico y un posterior beneficio general tal como prometían los ideólogos y políticos neoliberales. Al contrario, la gigantesca apropiación de plusvalía por las empresas y bancos fruto de la sobreexplotación de la clase trabajadora se ha dirigido a la especulación financiera, energética, de materias primas y alimentos, o bien hacia aquellos negocios como la construcción, etc., donde podía obtenerse grandes beneficios a corto plazo.

La crítica de las causas de la crisis económica y la reflexión sobre las alternativas para salir de la crisis plantean una primera conclusión: hay que abandonar radicalmente la política económica y social neoliberal y su amplio recetario antisocial. Hay que restringir, regular, controlar, fiscalizar y penalizar los movimientos de capital. Debe cortarse de raíz el amplio abanico de burbujas especulativas.

Ante el fracaso evidente del mercado para satisfacer las necesidades humanas básicas debe impulsarse la intervención pública en la economía. Ante los procesos privatizadores de sectores estratégicos y servicios públicos que causan burbujas especulativas, el encarecimiento y deterioro de dichos servicios, dificultando su acceso a sectores crecientes de la población, no cabe otra política que invertir el proceso y recuperar su control y propiedad pública.

Combatir la recesión exige políticas de inversión pública para aumentar la cobertura de las necesidades sociales, impulsando un desarrollo económico de carácter social y sostenible, en fin, implica estimular el consumo interno, para entre otras necesidades poder acceder a una vivienda barata y de calidad, lo cual exige terminar con las políticas de moderación salarial y reemprender la senda del bienestar social, empezando por recuperar los derechos perdidos, y dando un nuevo impulso a los objetivos por reducir la jornada a 35 horas, 32 horas , incluso menos.

Sin embargo, en la Unión Europea, cualquier crítica a un neoliberalismo enfermo y agotado, cualquier alternativa razonable para la superación de la crisis económica tropieza con el modelo neoliberal de su propia construcción, el rol del euro, el despótico papel del Banco Central Europeo que en su obsesión por control de la inflación aumenta brutalmente los tipos de de interés, con la extorsión que esto significa para millones de trabajadores y trabajadoras europeos atrapados de por vida con las hipotecas de sus viviendas, el dogmatismo sobre el déficit cero, la sacralización del mercado y la satanización de lo público, la privatización y liberalización sistemática de los servicios públicos, la “desregulación laboral” eufemismo de la pérdida de los derechos sociales y laborales, la aprobación de la “Directiva de la vergüenza” para el internamiento y retorno masivo de la inmigración, y como no, ampliar la jornada laboral a 60-65 horas, empezando por quienes sin posibilidad de defensa o en inferioridad de condiciones “acepten” trabajar ese horario, para una vez introducido avanzar en su generalización….

Eso sí, cuando alguna entidad financiera quiebra y amenaza arrastrar consigo al conjunto del sistema, los abanderados del neoliberalismo desde el jefe del imperio Sr. Bush al laborista Sr. Brown no dudan en transgreder los sagrados principios neoliberales, interviniendo dichos bancos, nacionalizando, es decir, socializando una vez más las pérdidas ocasionadas por la avaricia del capital.

La agudización de la crisis, su dimensión y profundidad, van a sacudir las bases y mitos intocables sobre los que se ha construido la UE. Entre las perspectivas que se nos ofrecen para salir de la crisis, una es la que defienden los actuales gobiernos: avanzar ciegamente hacia el abismo social, dar un salto mortal hacia la barbarie. Prisioneros en la trampa “neoliberal” en que se ha convertido la UE repetirán todos juntos hasta la saciedad que no hay otro camino posible, ellos los mismos gobiernos, fuerzas políticas, bancos y empresas que han demostrado su fracaso y falta de legitimidad para ofrecer ninguna alternativa.

En esta grave situación, hay que salir de la trampa, hay que cortar el “nudo gordiano”. No lo harán las fuerzas del sistema, sólo la clase trabajadora, la ciudadanía que sufre los estragos de la crisis pueden y deben tomar en sus manos la elaboración de otras perspectivas, de otras alternativas que nos permitan superar la crisis y acabar con el sistema capitalista que las causa y reproduce.

En esa tarea de levantar una alternativa socialista a la crisis capitalista, de reconstruir Europa sobre otras bases, una Europa de los trabajadores/as y de los pueblos, democrática, socialista, confederal y solidaria, la resistencia en lo inmediato a la ofensiva neoliberal por implantar la nueva Directiva no es una cuestión menor, al grito de “LA DIRECTIVA NO PASARÄ” hay que articular un amplio movimiento social que, por la lógica del desarrollo de la crisis, puede favorecer la construcción de la alternativa y de una nueva perspectiva global.

Es la hora de movilizarse contra la Directiva de las 65 horas

A pesar de la pasividad de la burocracia sindical de la CES, las graves consecuencias laborales de la Directiva ha terminado por disparar la alarma social. Llama la atención, que hasta las direcciones estatales de sindicatos como CCOO y UGT que se han distinguido por su “pactismo” y tolerancia con los objetivos antisociales de la patronal y los gobiernos de España, hayan tomado una posición de denuncia de la Directiva y planteado, al menos en el caso de CCOO, la necesidad de movilizarse a escala europea para bloquear la Directiva.

La extrema precariedad en el mercado laboral español que afecta a un tercio de los asalariados/as, el peso minoritario de las grandes y medianas empresas en un mar de pequeñas empresas con millones de trabajadores atomizados y alejados de todo movimiento sindical; junto a la debilidad organizativa de los propios sindicatos, forman un campo abonado para que la Directiva de las 65 horas se generalice y consolide, lo que debilita aún más el poder de negociación de los grandes sindicatos y en consecuencia amenazando el status privilegiado de la burocracia sindical. Acaso sea ésta la causa del rechazo de CCOO y UGT a la Directiva de las 65 horas…

Sean cuales sean las razones para oponerse y movilizarse contra la Directiva, bienvenidas son. Sin embargo hay razones para desconfiar de la capacidad de decisión y movilización de los grandes sindicatos. ¿Serán capaces de tensar los músculos de la movilización después de un largo periodo de no ejercitarse en la lucha social más allá de las empresas? La convocatoria de un paro simbólico entre 5 y 15 minutos a escala Europea en ocasión de la Jornada Mundial por el Trabajo decente prevista para el 7 de octubre es claramente insuficiente para ganar el pulso a los gobiernos europeos pro-Directiva, y demuestra una vez más la bancarrota ideológica y moral en que se han hundido los dirigentes de la CES.

A pesar de la debilidad de los términos de la convocatoria, lo mas razonable para los sectores más combativos de la clase trabajadora dentro y fuera de los grandes sindicatos, para las organizaciones de la izquierda sindical anticapitalista, es tomar esa convocatoria como un punto de apoyo para crear las condiciones para una movilización más duradera y enérgica. En efecto, para preparar mejor la movilización internacional sería positivo impulsar movilizaciones previas a escala de empresas, sectores, comunidades y estados. Nada impide que en aquellas empresas, sectores o países europeos donde hay mejores condiciones para la movilización social general se reconvierta la convocatoria del 7 de octubre en acciones de paro más contundente, incluso de huelga general.

Todas aquellas iniciativas que se dirijan a preparar las acciones contra la Directiva, a través de métodos unitarios y asamblearios, como la convocatoria de Asamblea que impulsan un amplio abanico de organizaciones sindicales, plataformas, redes y trabajadores/as a celebrar el próximo 9 de septiembre en Barcelona (7), son fundamentales para el éxito y continuidad de la movilización, para hacer realidad el objetivo de ¡ La directiva no pasará !

En cualquier caso, teniendo en cuenta que el proceso de discusión de la propuesta de modificación de la Directiva en las instituciones europeas puede extenderse durante varios meses, la movilización de octubre debe servir para preparar nuevas y más contundentes movilizaciones.

¡La directiva de las 65 horas no debe pasar! ¡No a retroceder a las condiciones sociales del siglo XIX¡ ¡Hay que exigir al gobierno Zapatero que en ningún caso se aplicará en España dicha Directiva, bajo amenaza de huelga general!

Existen múltiples casos de excepciones en la relación entre las normas y leyes de la UE y su aplicación en cada uno de los estados. No hay excusa posible, y en cualquier caso, ante una UE que muestra su verdadera faz retrógrada y antisocial, que persiste y enroca en las políticas neoliberales, sólo cabe preparar la desconexión.

Ante un tren que se dirige al abismo social, cuyos maquinistas están ebrios del dogma neoliberal, sin poder frenar porque los seguros están bloqueados, lo más sensato es desenganchar el vagón, antes que sea demasiado tarde…

Pero no debemos quedarnos aquí, no sólo debemos decir NO a las 65 horas y conformarnos, pues, con la actual jornada de 40 horas: debemos luchar para avanzar y, por tanto, para implantar la jornada de 30, 32, 35 horas semanales sin reducción salarial, en todos los sectores (8). No podemos permitirnos abandonar esta importante reivindicación histórica, debemos impedir que las decisiones antisociales de gobiernos como el de de Sarkozy constituyan el epitafio definitivo de la lucha por reducir la jornada laboral, como medida para la mejora efectiva de las condiciones de trabajo y de salario, y para luchar contra el desempleo y la precariedad, especialmente ante la crisis económica actual.


Firman (9): Ivan Escofet, José Antonio González Espada, Juan Montero y Diosdado Toledano, miembros de la Asociación Socialismo XXI.

Notas:

(1) Las delegaciones de Bélgica, Chipre, Grecia, España y Hungría no dieron apoyo a la propuesta de modificación de la directiva y expresaron su posición en una declaración conjunta que se anexa (A). Llama la atención la incongruencia entre los términos de la propia declaración y el hecho que no votaran contra la propuesta de modificación.

(2) Las patronales catalanas Fomento del Trabajo, Cecot y Pimec además de expresar que ven con “buenos ojos” la propuesta de modificación de la Directiva rechazaron la crítica que desde el Gobierno del PSOE se había formulado a esta propuesta (ver ed. “El País” 17 de junio 2008).

(3) El procedimiento para la aprobación de una Directiva está regulado por el artículo 251, que describimos a continuación:

1. Cuando en el presente Tratado, para la adopción de un acto, se haga referencia al presente artículo, se aplicará el procedimiento siguiente.

2. La Comisión presentará una propuesta al Parlamento Europeo y al Consejo.

El Consejo, por mayoría cualificada, previo dictamen del Parlamento Europeo:

- si aprobara todas las enmiendas contenidas en el dictamen del Parlamento Europeo, podrá adoptar el acto propuesto así modificado,

- si el Parlamento Europeo no propusiera enmienda alguna, podrá adoptar el acto propuesto,

- en los demás casos, adoptará una posición común y la transmitirá al Parlamento Europeo. El Consejo informará plenamente al Parlamento Europeo de los motivos que le hubieran conducido a adoptar su posición común. La Comisión informará plenamente sobre su posición al Parlamento Europeo.

Si, transcurrido un plazo de tres meses desde esa comunicación, el Parlamento Europeo:

a) aprobara la posición común o no tomara decisión alguna, el acto de que se trate se considerará adoptado con arreglo a esa posición común;

b) rechazara, por mayoría absoluta de sus miembros, la posición común, el acto propuesto se considerará no adoptado;

c) propusiera enmiendas de la posición común por mayoría absoluta de sus miembros, el texto modificado será transmitido al Consejo y a la Comisión, que emitirá un dictamen sobre estas enmiendas.

3. Si en un plazo de tres meses desde la recepción de las enmiendas del Parlamento Europeo, el Consejo aprobara por mayoría cualificada todas ellas, se considerará que el acto de que se trate ha sido adoptado en la forma de la posición común así modificada; no obstante, el Consejo deberá pronunciarse por unanimidad sobre aquellas enmiendas que hayan sido objeto de un dictamen negativo de la Comisión. Si el Consejo no aprobara todas las enmiendas, el presidente del Consejo, de acuerdo con el presidente del Parlamento Europeo, convocará en el plazo de seis semanas una reunión del Comité de Conciliación.

4. El Comité de Conciliación, que estará compuesto por los miembros del Consejo o sus representantes y por un número igual de representantes del Parlamento Europeo, procurará alcanzar un acuerdo sobre un texto conjunto, por mayoría cualificada de los miembros del Consejo o sus representantes y por mayoría simple de los representantes del Parlamento Europeo. La Comisión participará en los trabajos del Comité de Conciliación y adoptará todas las iniciativas necesarias para favorecer un acercamiento de las posiciones del Parlamento Europeo y del Consejo. Al realizar esta misión, el Comité de Conciliación examinará la posición común sobre la base de las enmiendas propuestas por el Parlamento Europeo.

5. Si en el plazo de seis semanas después de haber sido convocado, el Comité de Conciliación aprobara un texto conjunto, el Parlamento Europeo y el Consejo dispondrán cada uno de seis semanas a partir de dicha aprobación para adoptar el acto en cuestión conforme al texto conjunto, pronunciándose respectivamente por mayoría absoluta de los votos emitidos y por mayoría cualificada. Si cualquiera de ambas instituciones no aprobara el acto propuesto dentro de dicho plazo, éste se considerará no adoptado

6. Si el Comité de Conciliación no aprobara un texto conjunto, el acto propuesto se considerará no adoptado.

7. Los períodos de tres meses y de seis semanas a que se refiere el presente artículo podrán ampliarse, como máximo, en un mes y dos semanas, respectivamente, a iniciativa del Parlamento Europeo o del Consejo.

(4) El cálculo de la “duración media” se establece durante un periodo de 4 meses, lo que implica un considerable grado de flexibilización de la jornada semanal.

(5) La definición de las horas anuales que se corresponden con una jornada semanal de 40 semanales, llevó una amplia controversia sindical/política anterior a la propia promulgación de la Ley de 40 semanales en el estado español en junio de 1983:

· En el año 1.980 con la firma de Acuerdo Marco Interconfederal (AMI) entre UGT y la patronal, se estableció como punto de referencia llegar a la jornada de 40 horas semanales que significaban (1.880 horas anuales).

· En el Programa para Elecciones Generales del 28 de octubre del 1982, el PSOE se comprometía a establecer por Ley las 40 horas semanales, que también las definía como (1.880 horas anuales)

· En la negociación de Acuerdo Interconfed eral, suscrito por CCOO y UGT en febrero de 1983 con la patronal se definió “A efectos de cómputo anual, la jornada semanal de cuarenta horas será de 1.826 horas y veintisiete minutos de trabajo efectivo”

La formulación para llegar a esta conclusión fue la siguiente:

- 365 días del año menos 30 días naturales de vacaciones, menos 48 domingos y menos 13 festivos (se entiende que uno está incluido en el periodo de vacaciones) = 274 días.

- 274 : 6 días a la semana = 45,66 semanas efectivas de trabajo.

- 45,66 X 40 h.= 1.826 horas y veintisiete minutos.

● El de 29 de junio de 1.983 el gobierno del PSOE aprobó la Ley de fijación de la jornada máxima legal en cuarenta horas y de las vacaciones anuales mínimas en treinta días. La Ley quedo definida de la forma siguiente: “La duración máxima de la jornada ordinaria de trabajo será de cuarenta horas semanales de trabajo efectivo.”

Posteriormente en la Reforma laboral de 1994 es cuando se modifica esta Ley y se incorpora lo del computo anual que queda definido de la forma siguiente: “La duración máxima de la jornada ordinaria de trabajo será de cuarenta horas semanales de trabajo efectivo de promedio en cómputo anual”.

(6) Tres recientes sentencias del Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas, conocidas como “ Laval”, “Viking Lines“ y “Ruffert”, aplican los criterios de la "directiva Bolkenstein", a pesar de que ésta no se llegó a aprobar (¿para qué aprobar directivas si tenemos un tribunal que las aplica aunque no se aprueben?). La sentencia “Laval” condena una acción sindical legal de sindicatos suecos contra una empresa letona instalada en el país nórdico que retribuía a sus trabajadores letones en relación, no a los convenios colectivos del lugar de trabajo, sino del país báltico. La sentencia “Viking Lines” no estima ajustada a derecho la actuación de un sindicato de marineros finlandeses, que solicitaban que no se permitiese matricular en Estonia un buque de su país con el objetivo de burlar la aplicación de los convenios colectivos de Finlandia. Por último, la sentencia “Ruffert” señala como no ajustada a derecho la normativa del Estado alemán de Baja Sajonia que imponía la obligación de realizarse contratos públicos con empresas que retribuyan en relación al salario mínimo del convenio colectivo de la zona, dando así la razón a una empresa polaca subcontratada del sector de la construcción que pretende abonar retribuciones de su país, prácticamente un 50% inferiores a las alemana.

(7) La Asamblea para organizar la campaña unitaria contra la modificación de la Directiva de las 65 horas está convocada para el 9 de septiembre a las 19 horas en el local de la “Casa de la Solidaritat”, Calle Vistalegre nº 15.

(8) En Anexo B se adjunta un cuadro-resumen sobre la implantación de jornadas máximas de 35 horas en España mediante convenios colectivos o mediante decisión de las Administraciones Públicas respecto de su personal laboral y funcionario. Según este cuadro, hasta 2001 sólo 1,35 millones de trabajadores en toda España tienen jornadas máximas de 35 horas, de los cuales más de la mitad pertenecen al sector público (Administraciones de Comunidades Autónomas, Ayuntamientos y Universidades).

(9) Ivan Escofet es militante del Psuc-Viu y miembro de FARGA (Fórum Anticapitalista de Reflexió i generació dÁlternatives), José Antonio González es abogado laboralista del “Colectivo Ronda” y afiliado a EUiA, Juan Montero sindicalista y activista de Xarxa contra els tancaments d’empreses i la Precarietat”, Diosdado Toledano es trabajador de SEAT, miembro de la Presidencia Federal de Izquierda Unida, y de FARGA..

sábado, 30 de agosto de 2008

Reflexiones en torno a Cuba y la democracia


Creo que en más de una ocasión me he referido a cómo la derecha ha llegado a apropiarse de ciertos conceptos (democracia, libertad, solidaridad, etc.) hasta el punto de vaciarlos de contenido y darles una connotación que no tenían en su origen.

En el caso de la democracia observamos cotidianamente cómo se utiliza la palabra democracia como un concepto unívoco que se asocia, además, con un determinado modelo económico, el capitalista. Un sistema económico que es todo menos democrático. ¿Por qué? Pues porque la inequidad y la desigualdad social no pueden constituir nunca los pilares del "gobierno del pueblo", mucho menos si ese modelo económico da como resultado un sistema político que margina a las grandes capas sociales de la toma de decisiones, tanto políticas como, sobre todo, económicas, y cuya marginación política se convierte en una marginación social y económica. Tal y como ilustra el cuadro de la izquierda, bajo el capitalismo existe una pirámide donde la gran masa de trabajadores, campesinos y demás asalariados conforman el grupo de aquellos que ha sido desposeídos de los medios de producción y que se ven obligados a vender su fuerza de trabajo para hacer girar la rueda de la economía capitalista, basada, como todo el mundo debería saber, en la plusvalía, esto es, el porcentaje de trabajo no pagado por el empresario al trabajador. La plusvalía se convierte en el núcleo de los beneficios empresariales. A mayor plusvalía, mayores beneficios empresariales = A mayor explotación, más rico se hace el empresario y más jodido está el que trabaja para él.

Debería aberrarnos la idea de que existan personas que estén por encima de otras por el simple hecho de haber nacido en determinada familia o contar con mayor renta para invertir en montar una empresa o en adquirir mayores bienes. Algunos dirán que es lógico que los más "espabilados" se ubiquen por encima de la "masa" (o chusma, para ellos) pues no es "justo" que alguien que haya estudiado más, se haya esforzado más o haya arriesgado su capital en montar una empresa (que yo sepa lo hacen para multiplicar su capital, no por altruismo social) gane la misma cantidad de dinero que alguien que no ha estudiado, no se ha esforzado suficiente o no cuenta con el dinero suficiente para llegar a final de mes. Siento discrepar de este razonamiento. Me parece que obvia algo muy básico que muchas personas ignoran: en este sistema no todo el mundo parte de la misma línea de salida. Por tanto, no pueden medirse las capacidades en abstracto sin tener en cuenta la ubicación social que el destino nos depara desde que venimos a este mundo. No es lo mismo nacer entre la clase trabajadora inglesa que entre la guatemalteca, de igual modo que no es lo mismo nacer mujer en Afganistán que en Suecia. Ni tampoco es igual nacer en una sociedad de castas como la india que en una sociedad como la cubana.

Digo todo esto porque, aunque parezca que no tiene nada que ver con lo que quiero exponer a continuación, en realidad hay que ir al origen ético del ordenamiento social para entender de qué estamos hablando cuando ponemos etiquetas como "democracia" a lo que hay en España y "dictadura" a lo que hay en Cuba, por sólo mencionar a dos países.

¿Por qué molesta tanto Cuba?

Uno de los apelativos que más se utiliza para categorizar al Estado cubano emanado del proceso social que culminó en la Revolución de 1959 es el de "dictadura". Pero ¿es Cuba realmente una dictadura? ¿En qué nos basamos para decir que un país es una democracia o una dictadura? ¿Existe sólo el modelo capitalista de democracia? ¿Acaso el socialismo no es democrático?

Sin pretender realizar aquí una diserción acerca de lo que es un debate secular en torno a la democracia, quiero dejar claro que una cosa es la DEMOCRACIA BURGUESA y otra la DEMOCRACIA PROLETARIA. En Cuba no hay de lo primero pero sí hay un intento de conseguir lo segundo. Es evidente que el sistema cubano no es perfecto pues ni siquiera ha llegado a ser comunista, va todavía por el socialismo y con bastantes dificultades de carácter interno y externo. Pero desde un punto de vista ético, es una sociedad que se acerca más al ideal de igualdad que cualquier otro país del mundo desarrollado (por no hablar de los países en vías de desarrollo) y, por tanto, es mucho más democrática, justa y digna. Si le preguntáramos a cualquiera de los millones de seres humanos que viven en la pobreza en este planeta si prefiere vivir bajo un sistema como el cubano (donde el Estado te proporciona un techo, te permite formarte académicamente, te garantiza un acceso igualitario al sistema de salud y ve por tu alimentación y la de tus hijos) o bajo una democracia de mercado que no le permite salir de su condición de "paria" social, apuesto lo que sea a que el 95% se quedarían con Cuba. Si alguien no se cree esto le propongo que se pasee por las grandes urbes de América Latina y le plantee al primer señor o señora que se le acerque para pedirle dinero, para limpiar el parabrisas de su coche o con la intención de venderle cualquier cosa para subsistir si es feliz con la "democracia capitalista". O, mejor, no les pregunten, mírenles a los ojos...

El debate de fondo que nos plantea Cuba es hasta qué punto estamos dispuestos a sacrificar ciertas "libertades individuales" en aras de un bienestar colectivo. El problema radica en que en el sistema capitalista no se educa a la gente para que piense en plural sino en singular. A lo sumo le hacen concebir a la familia como el núcleo social pero, más allá de la preocupación por uno y por los suyos, da igual lo que suceda con el resto de la humanidad. Es por ello que la mayoría de la gente criada bajo estos parámetros de atroz individualismo (aun sin saberlo) no pueden entender que una sociedad se ordene en base a otros criterios distintos a los de la "democracia burguesa" (erigida sobre el voto pero sin la voz del pueblo, la tiranía del mercado, la manipulación de las mentes a través de los medios de comunicación y la falsa idea de "tanto vales tanto tienes", entre otras lindezas).

A la gente no le gusta que le amarguen la existencia, no quiere ver la pobreza, no quiere pensar que su bienestar material es posible gracias a que otros están explotados. Muchos quieren creer que los pobres son pobres porque no han trabajado tan duro como ellos o porque no han sido tan "listos" para saberse colocar en la vida. Es por ello que a la gente le molesta que haya sociedades que, con su ejemplo, les restreguen en su cara que hay maneras más justas y equitativas de ordenar la vida social y económica. Cuba, pese a sus indudables errores y carencias, interpela a aquellos que viven cómodos en su burbuja creyendo que viven bbajo un sistema democrático por poder echar un voto en una urna cada cuatro años o elegir entre distintas marcas de leche en el súper. Pero ¿qué pasa cuando echar el voto en una urna no sirve para cambiar las condiciones de vida de la gente? ¿Qué sucede cuando los súpers están atiborrados de comida de todo tipo a unos precios inalcanzables para la gran mayoría de la sociedad? Entonces la palabra democracia se vuelve una burla para los pobres. Muchos sesudos analistas se asombran cuando ven los datos de la encuesta del Latinobarómetro y constatan que muchos latinoamericanos estarían dispuestos a "sacrificar" la "democracia" si esto implicara tener gobiernos que resolvieran las graves desigualdades sociales que los mantienen en la miseria. Estos grandes analistas se convencen del poco "nivel democrático" de los latinoamericanos y de su poco apego a las instituciones "democráticas". Pero si estos analistas fueran tratados como se trata, en general, a los subordinados en estas sociedades y sufrieran lo que ellos padecen cada día, probablemente empezarían a cambiar de perspectiva...

Si entendemos la democracia como la máxima justicia social, entonces, Cuba es la sociedad más democrática del mundo, pese a todo y le pese a quien le pese. ¡Viva Cuba socialista!